viernes, 22 de mayo de 2015

Y más regalos

El día de ayer fue abrumador en felicitaciones; celebrémoslo con lo que estoy oyendo ahora.


Ride - Leave it all behind (no sabía quiénes eran, pero oí esto y me encantó; resulta que son de los 90 y eran míticos de la corriente shoegazing -"mirarse el zapato"):





Ibeyi - Ghosts




Kendrick Lamar, The Blacker the Berry




Aurora - Arena en los ojos (para que no os quejéis de que pongo solo guiris)




Tame Impala - 'Cause I'm a man

jueves, 21 de mayo de 2015

Me regalo en mi cumpleaños

He estado por poner música electrónica: la dejo para mañana. Hoy, el mejor barroco y el mejor renacimiento, que vamos provectos.

Christian Ludwig Boxberg - Bestelle Dein Haus (Ricercar Consort)




Haendel, The choice of Hercules - Yet, can I hear that dulcet lay (David Hansen)




Lully: Amadis - Chantons tous en ce jour la gloire de l'amour (Musica florea)




Tradicional sefardí - Cuando el Rey Nimrod (Musica Ficta - Ensemble Fontegara)




Juan del Encina, Pues que Tú, Reina del Cielo (La Colombina)



Y muchas gracias a los amigos que han ido recomendando estas cosas.

miércoles, 20 de mayo de 2015

¿Resurgimiento católico?

Vi el título, El resurgimiento católico en la literatura europea moderna (1890-1945), y además en Encuentro y me preparé para una fiesta. Pero tras leerlo, entre fogonazos de reconocimiento (pocos) lo que me quedó fue una sensación de frustración grande.
He pasado varios meses pensando si escribir sobre el libro aquí o no. Es ambicioso (pero al final se la pega), bien escrito (pero ese oficio de buen escritor acaba siendo peor, porque esconde la falta de profundidad de algunas partes), ordenado (pero con un orden demasiado artificial, que intenta, a partir de analogías y polaridades, crear un castillo que acaba siendo de palillos o naipes: opone figuras polarmente -p. ej. "Claudel malo / Gide bueno", acude a atajos, despachando por ejemplo a Waugh o Hopkins con la etiqueta 'homosexualidad'. Y lo escribe alguien, Enrique Sánchez Costa, muy joven (no llega a 30 años), con conocimientos generales, pero falta de lecturas, de serenidad, de ponderación y de profundidad: sus estudios de Humanidades quedan aquí -y estoy seguro que es uno de sus mejores alumnos, seguro- queda aquí, digo, en entredicho: el acercamiento es demasiado generalista.
Quizá todo se deba a que esto procede de una tesis doctoral (pero no se puede consultar el original, especialmente los capítulos iniciales, que no están en el libro) bajo la dirección de un profesor con prestigio pero unos prejuicios respecto a lo religioso de la altura del Tibidado: no se me ocurre nadie peor para dirigir una tesis así. Para hacer una con ese tema y con competencia, habría que ser un Carlos Pujol en su madurez para que tuviese visos de llegar a algo verdaderamente valioso.
Esto es lo que me ha tenido dudoso: Sánchez Costa es un joven escritor con buena pluma, aptitudes para la investigación y quizá con el tiempo madure en otro Carlos Pujol. Espero que así sea. Pero no me hace gracia machacar su libro aquí. Yo lo que le recomendaría es que leyera a Flannery O'Connor, eso es lo que puedo aconsejarle.

Creo que es el libro que más me ha frustrado en mucho tiempo. Pensaba en dejar de leerlo pero seguía, me cabreaba cada dos páginas y a punto de tirar el libro por la ventana, encontraba algo que salvar tres páginas después.
Por ejemplo, de la recepción de Newman en España (178-9) dice que no existió contemporáneamente porque los españoles del XIX o eran cerriles católicos o paganazos anticatólicos, pero a continuación deja caer que Balmes predijo su conversión en un artículo dos años antes (pero es que Balmes "es mal"). Luego explica que Asín Palacios lo leía con asiduidad y se centra en Antonio Marichalar (estudiado por el director de la tesis, ah), que lo comenta en 1933 y cumple los requisitos del resurgimiento católico en España que está buscando. Y entonces te preguntas si está buscando una realidad o el "criterio historiográfico" prima sobre la investigación.

Hay un problema de base: hablar de Resurgimiento católico vale para Inglaterra, donde el catolicismo había sido masacrado durante siglos. En Francia se puede plantear legítimamente la cuestión. Pero en España entre 1890 y 1945 es una temeridad. El hecho es que acaba citando a gente de lo más curioso: el propio Marichalar, el extrañísimo Bergamín y dos más. Antes, se centra en Unamuno («el principal vocero de la fe cristiana en la Edad de Plata de la cultura española» 258 -me preguntó qué diría Unamuno de esta frase) y Joan Maragall. Y acaba con Maeztu y lo que llama la tentación fascista en Giménez Caballero. Eso es el resultado, la "tesis" del libro, esos nombres que no sirven para montar todo ese tenderete. Si eso es el resurgimiento católico en España, que me borren de él. Pero claro, yo soy un cerril y no he descubierto la nueva religiosidad que gustaría a Ródenas.

Otro ejemplo: empieza a estudiar la recepción de Chesterton en España (muy bien), en Maeztu y Unamuno, Alfonso Reyes, Azaña, en la revista Cruz y Raya. Pero acaba en Borges y en sus tontadas, que cita con aprobación.

El propio Sánchez Costa ha creado una web en la que cuelga 50 textos pertinentes. Es excelente por ejemplo uno en el que Evelyn Waugh defiende su conversión.

martes, 19 de mayo de 2015

Arquitectura contemporánea de Galicia 7

Le tenía echado el ojo a este edificio (no hace falta que diga que es público: el Instituto Social de la Marina), que destaca (utilicemos la palabra en el sentido más neutro posible: en esta sección del blog pongo edificios que me llaman la atención, me gusten o me parezcan una basura) en el skykine del Caramiñal.







Esa especie de cabeza que le sale por un lado es en realidad el hueco de la escalera:




La parte de la entrada no puede ser más anodina (pero a mí lo que me interesa es la escalera):



lunes, 18 de mayo de 2015

Pompa y circunstancia de la aldea santiaguesa

Vivir en una esquina de un continente en decadencia no es fácil de gestionar (si tienes pujos de grandeza, claro).
El otro día estábamos para misa en la capilla de la Comunión de la Catedral los beatos habituales (no el electricista; desde aquel suceso infausto, judicialmente le prohibieron acercarse por allí) y a poco de empezar aquello se fue llenando de unos personajes vestidos con libreas muy chulas. El santiagués medio lo ha visto ya todo en rarezas peregriniles, desde las versiones puristas a las perrofláuticas, desde el uniformado con The North Face (la élite) al que compra en Decathlon, así que no movimos un músculo.

Pero esas libreas eran impresionantes. Resultó ser -agarraos- la Pontificial Equestrial Order of Saint Gregory the Great.



Busqué luego en el internet a ver y me alegró que entre sus caballeros estuvieran Riccardo Muti, Otto von Habsburg, G. K. Chesterton, Bob Hope o Henryk Górecki.

La misa acabó siendo en inglés. Yo busqué en mi smartphone las lecturas del día y se las enseñé a la señora de al lado, la cantora habitual (más de lo que me gustaría, pero dejémoslo ahí) de esas misas. Aparte de mí, los autóctonos no dieron señal de haber notado nada nuevo. Pero cuando nuestro cura de siempre leyó una lectura en castellano, entonces los ingleses se removieron inquietos; al menos les ganamos en flema (podría haber sido todo en latín, pero a nadie pareció ocurrírsele la idea).

viernes, 15 de mayo de 2015

Sobre iconoclastias buenas

Otra conferencia fascinante (y muy divertida) de Matthew Mil1iner (he enlazado aquí otras cosas suyas, todas fascinantes): «Alabanza de la iconoclastia».
Está en inglés, pero podéis marcar abajo los subtítulos (imperfectos, pero bueno)

jueves, 14 de mayo de 2015

Arquitectura contemporánea de Galicia 6

La Residencia Burgo das Nacións, con forma de U:



(fotos desde los baños de mi Facultad: excelente vista de la ciudad al fondo)


El Burgo era un albergue de peregrinos masivo, de cuando en los sesenta empezó a explotar el fenómeno de la peregrinación a Santiago. Luego hicieron (principios de los noventa) esta residencia universitaria, mi Facultad y el Auditorio de Galicia.

La residencia es un edificio de aires nórdicos -muchos ventanales, tejados metálicos- y muchas puertas por todas las esquinas, pero la principal es esta, que a mí me parece fascinante (para intentar lucirme describiéndola):





Esto es el brazo largo.


Otra foto, pero la tapan los árboles:




Por dentro es un poco soviético, sí:


Esto es el lateral:


Y esto es lo que llamaría «organicista», o no sé si tecnológico. Es muy noventa (creo):



Pero lo que veo más destacado, ya digo, es la entrada:


Parece tener un propósito antimonumental: no hay columnas y un tímpano, es una entrada descentrada y con estética de ruinas (y es el único lugar del edificio con bloques de granito) o quizá de máquina, con un aire ¿high tech?
Supongo que se trata de lograr un difícil equilibrio entre la transmisión de una idea antijerárquica (esa residencia está marcada por la idea de «libertad», de independencia - lo más contrario a lo que sería un college tradicional de Oxbridge) y el deseo de transmitir, al menos en una entrada, una idea de monumentalidad, de que aquello (habitaciones independientes para los nuevos ciadadanos sin ataduras) en realidad forma una unidad, por muy mínima que sea.

miércoles, 13 de mayo de 2015

martes, 12 de mayo de 2015

Una chocolatina

Leí hace unas semanas en el blog de Gregorio Luri (pero ahora no la encuentro) una anécdota sobre la bondad humana en situaciones extremas de inhumanidad. Me acordé de esto de Nadiezhda Mandelstam, que por fin he escaneado ahora aquí*:
Nos separaban de los demás pasajeros algunos bancos vacíos. Durante toda la noche, dos guardianes no se apartaron de nosotros y el tercero permaneció de pie junto al último banco vacío, de donde echaba a los obstinados viajeros que pretendían ocuparlo. En Sverdlovsk estuvimos juntos el uno al lado del otro, pero en aquel oscuro vagón nos sentaron de frente, en el lado de la ventanilla. Las noches ya eran blancas y ante nuestra vista desfilaban los bosques de los Urales, las estaciones y las colinas. La vía férrea atravesaba espesos bosques y Mandelstam no se apartó de la ventanilla en toda la noche. Era la tercera o la cuarta noche que no dormía.
El viaje lo hicimos en vagones y barcos repletos, pasábamos largas horas de espera en estaciones bulliciosas, atiborradas de gente, pero en ningún sitio se prestó atención a un espectáculo tan insólito como el de un hombre y una mujer bajo la custodia de tres soldados. Nadie se volvía siquiera para mirarnos. ¿Acaso estarían habituados en los Urales a semejantes espectáculos o temían, simplemente, el contagio? ¡Quién sabe! Lo más probable es que fuera la exteriorización de una especial etiqueta soviética, a la cual se atiene firmemente nuestro pueblo a lo largo de muchos decenios: si las autoridades los deportan, por algo será y yo nada tengo que ver con ello. La indiferencia de la gente dolía y atormentaba a Mandelstam: «Antes daban limosna a los presos y ahora ni siquiera los miran». Me susurraba al oído, con espanto, que ante los ojos de semejante muchedumbre podían hacer cualquier cosa con el preso: matarlo, despedazarlo, sin que nadie se inmutase, sin que nadie interviniese. Los espectadores se limitarían a volverse de espaldas, para evitar un espectáculo desagradable. Durante todo el viaje me esforcé por captar alguna mirada, pero no lo conseguí.
¿Tal vez sólo en los Urales fueran tan insensibles? En 1938 viví en Strunino, a cien kilómetros y pico de Moscú; era un pueblecito textil en la línea férrea de Yaroslavl, por la cual pasaban en aquel tiempo convoyes repletos de presos. Los vecinos de la dueña de la casa donde yo vivía sólo hablaban de esos convoyes. Les ofendía que les prohibieran compadecerse de los presos y que no pudiesen darles pan. Un día, mi patrona se las ingenió para tirar por la ventanuca rota y enrejada del vagón una chocolatina que llevaba para su hija. ¡Rara golosina en una mísera familia obrera! El centinela la apartó de allí con la culata, al tiempo que la llenaba de insultos, pero ella se sintió feliz todo el día: ¡pese a todo había conseguido hacer algo! Bien es cierto que una de las vecinas comentó con un suspiro: «¡Más vale no meterse en eso! ... Te harán la vida imposible ... ¡Te mandarán de comité en comité!». Pero mi patrona «estaba en casa», es decir, no trabajaba en ninguna parte y por eso no le tenía miedo al comité de fábrica.
¿Comprenderá alguien de las generaciones futuras lo que significaba en 1938 esa chocolatina con un cromo infantil en el asfixiante vagón-jaula lleno de condenados? Esos hombres para quienes el tiempo se había detenido y el espacio quedó convertido en un calabozo, una celda, una garita, que sólo podían estar de pie en un vagón repleto hasta los topes de mercancía humana medio muerta, rechazados, olvidados, borrados de la lista de los vivos sin nombre ni mote, numerados, sellados, enviados bajo recibo a la negra inexistencia de los campos, habían recibido, de pronto, el primer mensaje, el primero a lo largo de muchos meses, de otro mundo, ahora prohibido para ellos: una barata chocolatina infantil que les decía que no estaban olvidados aún y que al otro lado de la cárcel aún vivía gente.

*Contra toda esperanza. Memorias, Barcelona: El Acantilado, 2012: 98-9.

lunes, 11 de mayo de 2015

En torno al Buscón

Se celebró el viernes en la Facultad un acto en el que dictó «su última lección» Luis Iglesias, catedrático de Literatura Española.
Fue sobre El Buscón, ay. Mereció la pena asistir, de todas maneras, porque se centró en la falta de motivo del protagonista para contar su vida vergonzante, siendo que lo que dice que quiere es lograr honra. El Lazarillo o el Guzmán escriben porque alguien "se lo pide", pero aquí parece que no hay tal. Lo único que parece que se puede concluir es que Pablos es "la voz de su amo" Quevedo (al que definió como «maestro del malhumor»), que quiere contar lo que le peta, sin preocuparse por montar "marcos realistas" o "verosimilitudes" novelísticas. Bueno, no sé decirlo mejor: para eso, tendría que leerme El Buscón y va a ser que no.

Cuando citó los "altos pensamientos" del padre de Pablos al principio, me acordé de las Altas Expectativas (Great Expectations) de Pip al inicio de la novela de Dickens: ahí tenéis tema para un artículo los que os atreváis.

Hubo palabras muy atinadas del director del Departamento y del de la Real Academia de la Lengua (Española, quiero decir: es profesor de la Facultad y amigo del homenajeado) y una contestación de la lección a cargo de Francisco Rico, que se puso divagatorio y un poquito faltón (eso tienen los personajes novelescos) y acabó aburriendo al auditorio con sus teorías ecdóticas y su puntillismo irrelevante con las variantes de las ediciones del Buscón.