lunes, 31 de agosto de 2015

El Burgo de Osma

Recorrimos la mala carretera -qué raro en este país de nuevos ricos cansarse de esperar detrás de camiones- y el paisaje de viñas del valle del Duero para ver unas tablas del XV en El Burgo de Osma. Nos detuvimos en todos los detalles de aquellas dos tablas que quedaban de un antiguo retablo de la Santa Cruz: la composición primero, los rostros, la perspectiva, los colores. Yo me fijé en las hierbas junto a las patas del caballo:











Nos gustó mucho la Catedral. A mí especialmente las rejas renacentistas, de una delicadeza y una elegancia grandes. La capilla del (por fin) beato Palafox era neoclasicismo francés y de una gran sonoridad. La tumba de san Pedro de Osma hubiera estado bien poder verla de cerca.
Por todas partes estaba el recuerdo de santo Domingo de Guzmán, que fue canónigo allí.
Había unas buenas sargas y obras del 'Maestro de Osma' interesantes.

viernes, 28 de agosto de 2015

Theodora de Haendel

Me regalaron el DVD en Reyes de hace dos años y ni lo había mirado. Estos días lo he ido viendo a poquitos. Ha sido una experiencia tremenda: el Oratorio que relata la persecución de los cristianos en Antioquía en época de Diocleciano es ahora dolorosamente actual, a ratos hasta extremos intolerables. Se suceden las arias y los dúos y las intervenciones corales y es de una emoción tremenda todo. Una llorera continua, pero de esas que nos mejoran.

La versión es de 1996, del festival de Glyndebourne, con dirección de orquesta de William Christie y escénica de Peter Sellars. Me impresionó mucho lo controlados que están los gestos, toda la actuación, de protagonistas y coro, lo medido que está todo. Por ejemplo las manos se mueven siempre, como en la pintura barroca, para subrayar la emoción interior, despreocupándose de 'verosimilitudes'. Nunca había amado tanto lo convencional del arte al servicio de la obra total; quién me iba a decir a mí que del realismo alpargatero me iría a cambiar con armas y bagajes al lado del arte (supuestamente) más convencional: dadme ópera con todos sus (supuestos) perifollos al máximo de su potencial y quedaos con todo lo demás.

En 1996 Sellars pensó que debía darle a la obra el trasfondo de la pena de muerte en USA, con una muy conseguida ambientación setentera kumbayá por un lado y de campamento militar por otra y los cristianos vestidos de blanco, muy modosos, pero nobles. Ahora no haría falta buscar ambientaciones: bastaría poner tal cual a los cristianos de Siria muriendo como corderos.

La grabación la tenéis (con subtítulos en inglés: es importante seguir el texto) entera y verdadera aquí. Tres horas y media, pero qué tres horas y media:





Si os cuesta meteros en algo tan largo, podéis probar con este aria de Lorraine Hunt Lieberson, que es de una emoción brutal:


O este dúo entre Dawn Upshaw y ella, con un aria suya a continuación:


O esto de Richard Croft:

jueves, 27 de agosto de 2015

Tolkien y los clásicos: Sófocles

Dejé para la vuelta la lectura de un artículo de una nueva revista en línea, Littera Aperta. Trataba de una de esas cosas que pensé en hacer en tiempos, estudiar el relato de Túrin Turambar de Tolkien en relación con Edipo. Por suerte la ha hecho muy bien Miryam Librán, profesora de griego (de trayectoria impresionante) de la Universidad de Extremadura.
Lo que me ha interesado más, aparte de las comparaciones puntuales, es ver la descripción del héroe trágico que dominó en la historiografía de la primera mitad del siglo XX reflejada en la manera de describir a Túrin, un relato por otro lado muy distinto del resto de la producción de Tolkien, al que en realidad no le pega en absoluto la tragedia: su cosmovisión -por suerte- es otra.

Aquí tenéis el texto en pdf.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Pues muy bien

En estas tres semanas:

Algunos ratos en Valladolid. Volvimos a la iglesia de san Miguel y al palacio de Fabio Nelli. Me calciné el último día, visitando el Museo de Escultura: carteles con textitos estúpidos para una colección maravillosa: muchas gracias, María Bolaños.

Theodora de Haendel (Sellars / Christie, 1996). Una jartá a llorar: pero qué a gusto. A mí dejadme con Haendel y no quiero más (bueno, Radio Clásica también).

Con el coche entre Tordesillas, Toro, Valladolid, Medina del Campo y Torrelobatón: Villagarcía de Campos, San Cebrián de Mazote, Wamba. Enseñorearse de los Montes Torozos. Paisaje majestuoso de campos segados y verde en bordes de los caminos.

Cosas que me has contado: qué gran libro.

Una visita detenida a la Catedral de El Burgo de Osma. Las tablas de la capilla de Santa Cruz. El ver por fin san Baudelio de Berlanga. Pasar cerca del castillo impresionante de Berlanga de Duero.

Primera relectura de Hombres en armas, de Waugh. Sabía que iba ser mejor que la primera lectura, pero no hasta qué punto mejor.

La dolorosa derrota al parchís que nos volvieron a infligir mis hermanas el día que fui a Burgos.

Un día con este recorrido: San Juan de Baños, Castrojeriz, Villaveta, Frómista, Villalcázar de Sirga, Paredes de Nava, Becerril de Campos. El cielo debe de ser parecido a eso, o al otro día por Covarrubias, Silos y Quintanilla de las Viñas. Idem.

Clases sobre el sacramento del matrimonio. Nunca en mi vida he estudiado tanto qué es el amor (todo el año con el Banquete) y nunca he sabido menos qué es. Creo que voy dando pasos, eso sí.

El monasterio de Sancti Spiritus de Toro: las sargas, las tablas, las tumbas, los azulejos. Volver a la Colegiata y descubrir una portada que me recordaba en pequeñito al Pórtico de la Gloria.

Y en realidad, todo muy tranquilo, despacio, sin atracones.

lunes, 3 de agosto de 2015

El refugio de la mentira de Cesáreo Bandera

Os dejo, antes de irme a pasar tres semanas cerca de Valladolid, mi recomendación más entusiasta de El refugio de la mentira, un grandísimo libro que hay que agradecerle, claro, al autor, pero también al interés de E. G.-M., a la traducción de Aurora Rice y a José Mateos, el editor (en el colofón, una viñeta, me imagino que suya, preciosa y pertinente).

Son reflexiones sobre la fe y la ficción (ese es el subtítulo), pero no huyáis, que es uno de los libros más iluminadores que podéis leer en los próximos meses. En diálogo fundamentalmente con Girard, plantea la cuestión de la revelación de la verdad y de la liberación del miedo, pero sin caer en un cierto mecanicismo naturalista. Partiendo de aquella contraposición que Auerbach estudió entre Homero y el Génesis, aquí la ilumina, de qué manera tan cegadoramente clara, de un modo nuevo: no es que el Génesis sea esencialista y descarnado y Homero cautivador, es que Homero al final oculta y el Génesis revela.

Y buena parte del libro es así reflexionar sobre la grandeza de Homero y su limitación, pero también sobre Virgilio y Lucrecio, Cervantes, Descartes, Heidegger y Nietzsche. El centro es Cristo, que revela al hombre la verdad muriendo por él (y qué páginas impresionantes ahí sobre el concepto de aflicción en Simone Weil), que estaba de algún modo ya presente para salvarlo de ese desatarse de la primera violencia que creó aquella espiral de terror sagrado que dominó el mundo pagano, tan magistralmente descrita por Homero (y que Weil llamó 'la fuerza') y de la que él mismo no puede salir (y de ahí el ingenioso Odiseo: ingenioso en ocultar, en distraer de la verdad).

domingo, 2 de agosto de 2015

Las Misiones Pedagógicas

Resulta que se llamaban a sí mismos «misioneros». La Buena Nueva supongo que sería la ilustración que traía la República. Qué época emocionante debió de ser para los que se patearon aquellos pueblos, me imagino que con bastante esfuerzo y mucho cansancio. Sobre todo a ellos les debieron de ser útiles aquellas excursiones por la España más recóndita y más pobre.

De la exposición sobre Val de Omar (sus películas me parecieron puro artificio al servicio de la gritería - entiendo perfectamente que se haya puesto de moda), aparte de llenar -literalmente- una sala con sus cosas del estudios de grabación (un fetichismo estúpido), se salvaba una grabación de esos viajes que me gustó mucho:


Documental sobre el trabajo de las “Misiones pedagógicas”, organismo creado por el gobierno de la II República para recorrer los pueblos más humildes y abandonados acercando hasta ellos la cultura a través de los libros, el cine, el teatro y el arte. Muestra la llegada de los grupos de misioneros a varios pueblos y las actividades realizadas, entre ellas una proyección de cine en una sala improvisada. Más información: http://ivac.gva.es/restauraciones

sábado, 1 de agosto de 2015

Un libro sobre Manolo Prieto

Manolo Prieto, el arte de la amistad, de Pablo Álvarez me ha traído memorias de cuando él venía, en aquellos veranos que pasábamos formándonos en Los Robles, en el centro de Asturias, durante la carrera, a contarnos de sus recuerdos sobre san Josemaría y en general sobre su vida.
A mí me impresionaba mucho su empuje y su sinceridad, su «hombría de bien». Narraba muy bien cuando en una reunión multitudinaria no pudo aguantarse y le gritó a san Josemaría «Mentira» al oírle decir «No valgo nada, no puedo nada, no soy nada» (algo parecido a esto). O de cuando le dio un abrazo y que ese recuerdo le ayudó a tirar para adelante muchas veces que las cosas se le ponían cuesta arriba.
En este libro le vemos entero, con virtudes y defectos bien reales. Ha hecho muy bien su función Pablo Álvarez: es un homenaje verdadero a un hombre que se dejó la vida por los demás, con la mirada en Dios.

viernes, 31 de julio de 2015

Pisando ceniza

Me lo recomendaron vivamente, pero no quisieron darme más pistas. Estuvo bien como experiencia: me gustó leerlo sin tener muy claro si eran diarios, novela o algo entre medias.

El primer capítulo es el que más disfruté: andanzas con libreros de viejo en el Madrid de los setenta. Ya empiezan a aparecer algunas claves que se irán repitiendo y que son las que dan esa unidad débil que tiene el libro, que no tiene por qué ser mala: protagonista curioso y amante de las conversaciones, antifranquismo de fondo como seña de identidad (hay luego algunas frases muy desagradables sobre el Franco moribundo), amor a los libros y un cierto sentido de desplazamiento.
El segundo capítulo tiene de protagonista a José Bergamín, al que acompaña el narrador por dondequiera que toreen Rafael de Paula y Curro Romero. Está muy bien. Es intentar explicar ese algo sublime que puede tener el toreo -el arte- en algunos momentos irrepetibles. Luego habla del propio Bergamín, ese personaje al que no le acabo de pillar la gracia, pero que se ve que fue buen amigo del autor, que le fue leal incluso en su penoso final de propagandista de ETA,
Y en el centro, lo que debe de ser una novela corta («Palangana»), sobre un huérfano de republicano en un pueblo de Burgos, con datos similares al protagonista de los otros capítulos, pero otros que no. A mí me pareció el peor del libro, no sé si por mi fobia reciente a todo lo que sea novela o porque cae en un maniqueísmo muy acusado, que llega a rozar el ridículo en la caracterización de los personajes (cura-cuervo; beatas-chillonas, borrachos-patéticos), en otro ejemplo más del mito de las dos Españas que se intenta trasponer -creo que sin éxito- sobre un «fondo real».
En los dos últimos capítulos (¿apartados?) volvemos ¿al autor? Hijo de irlandesa y de padre de familia linajuda y venida a menos del norte de Burgos: un hermano muerto, esa tensión entre contexto de derechas y republicanismo militante, la nada de fondo.

Y todo ello en un libro muy bien escrito, que leí con mucho interés, a pesar de todo.

Ayudó, ya digo, no fijarse en los «paratextos»: por suerte no hay introducción, ni prólogo, ni datos biográficos. Solo está este texto en la contraportada, que he leído justo ahora, escrito ya todo lo anterior:
Las cosas solo suceden a quien sabe contarlas, dice el narrador de este libro. Ese narrador que es un joven librero, dedicado en el Madrid plomizo de los años 70 a vender libros prohibidos en una trastienda de la calle Génova. El mismo narrador que es también el editor del poeta José Bergamín, con quien recorre España a bordo de un descapotable amarillo, a punto siempre de matarse por las curvas de Despeñaperros, siguiendo a un gitano torero que se llamaba Rafael. Y también el narrador que es un niño y luego un joven y luego un hijo pródigo en su pueblo de Burgos, oyendo las historias de los viejos en la taberna, y los recuerdos engarzados de su madre ante la tumba de su hermano.
Ese narrador que pisa el bosque quemado alrededor de la casa de su infancia es Manuel Arroyo-Stephens, librero y editor impar, escritor sentimental hasta donde lo permite la anglofilia, fundador de esta editorial que hoy recoge sus relatos sin saber si son novela o autobiografía, o quizá una historia de España hecha de lecturas, viajes, amigos y recuerdos.
Y por fin busco en google, veo esta entrevista esclarecedora y me alegro de no haberla leído antes del libro. Como personaje real, el autor me cae más bien gordo.

jueves, 30 de julio de 2015

4 textos

Me llegó hace ya unos días un meme sobre cuatro textos que elegiría. Después de días de pensarlo, estos son;

1. Platón Fedón
τῶν κύκνων δοκῶ φαυλότερος ὑμῖν εἶναι τὴν μαντικήν, οἳ ἐπειδὰν αἴσθωνται ὅτι δεῖ αὐτοὺς ἀποθανεῖν, ᾁδοντες καὶ ἐν τῷ πρόσθεν χρόνῳ, τότε δὴ πλεῖστα καὶ κάλλιστα ᾁδουσι, γεγηθότες ὅτι μέλλουσι παρὰ τὸν θεὸν ἀπιέναι οὗπέρ εἰσι θεράποντες.

[Sócrates:] «al parecer, en lo que respecta a las dotes adivinatorias soy, en vuestra opinión, inferior a los cisnes que, una vez que danse cuenta de que tienen que morir, aun cuando antes también cantaban, cantan entonces más que nunca y del modo más bello, llenos de alegría porque van a reunirse con el dios de quien son siervos» (trad. de Luis Gil).
Puestos a pensar en un texto clásico, al final me quedé con este que nos citaba nuestra profesora de griego en COU.

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2. Fray Luis de León, De los nombres de Cristo:
-Al fin, Jesús es Jesús.
El párrafo entero, aquí. Es mi texto favorito de la literatura española.

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3. Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead, final:
«Hoy pareces mucho más contento que de costumbre», dijo el segundo comandante.
'You're looking unusually cheerful today,' said the second-in-command.
El párrafo entero, aquí.

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4. Flannery O'Connor, Revelación:
«Go back to hell where you came from, you old wart hog».
Vuelve al infierno de donde viniste, vieja cerda.

miércoles, 29 de julio de 2015

Dentro de El Pasatiempo de Betanzos

Había estado fuera varias veces, esta veces entré. Lo crearon dos hermanos indianos a finales del XIX, un parque que es una especie de folie, un juguete kitsch lleno de encanto, una enciclopedia universal, un sueño infantil y un autorretrato, todo en una.

Llegué primero a la parte de arriba, presidida por un león:



Todo es de cemento:



Y como la barandilla es de vegetación, pues de algún árbol de cemento tendrá que salir:



Todo -quizá sea porque queda solo una décima parte del total- parecía seguir la lógica de los juegos o de los sueños: en el mural está en un lado el canal de Panamá y en el otro una mezquita (y unos visitantes en camello que se acercan):



Ahí se abre la gruta de las estalactitas, con dinosaurios y pasadizos que te pueden llevar hasta el león, o a un jardín cerrado detrás, o a un espacio aislado en un lateral. Cómo me hubiera gustado jugar de pequeño allí. Hubiera sido genial jugar al escondite allí.

Pero quizá mi escena favorita fue la del buzo:



Lo que me explotó la cabeza fue ver representado en un lado el fusilamiento de Torrijos y debajo «España monárquica y sus 18 hijas republicanas» con los escudos de cada país. Una avenida tenía los escudos de las provincias argentinas (los indianos se hicieron ricos allí). Debajo, un estanque llamado «del Retiro», con espacios muy apropiados para pruebas de Humor amarillo:







Y había otros estanques, a rebosar de verdín y de unas plantas que salían del agua:



Y el muy melancólico tiempo detenido en cemento (con centro horario en Buenos Aires):