lunes, 22 de diciembre de 2014

De paseo en un día de sol

El título es tonto en todas partes del mundo, menos aquí. La prueba era la marabunta de padres con cochecitos y con niños sin control, que dificultaban el paso a los que vamos andando siempre demasiado deprisa por el normalmente vacío casco antiguo del domingo.
Yo le había enseñado a Suso ya mi móvil nuevo -fui como presumir del coche de bomberos que te han traído los Reyes- así que ya podíamos apresurarnos a pasear al sol.
El paseo de la Herradura de la Alameda -un túnel de robles- y la carballeira (=robleda) de santa Susana -que es la rodeada por esa herradura- tenían un tono marrón suave muy bonito.
Echada la noche encima, buscamos un sitio para tomar algo: nada, todo tomado por padres con cochecitos en medio: me persiguen, en Madrid y aquí. Esto es una conspiración para vengarse de que haya hablado de lo importante que es la familia, de la esperanza que traen los niños y bla bla bla.
Acabamos en un bar donde vi una vez un partido del mundial de rugby. Rodeados de una estética tirando a rock, hablamos de los hermanos Dardenne.
Y ya de vuelta, me puse a explicarle entre risas a Suso por qué ya no me parece tan mal (desde mi conversión brutalista) este feo -lo reconozco, ay- edificio de la izquierda en la plaza del Matadero, amenazado ahora por la piqueta, ay. Hasta hablé de puntos de fuga y formas simples y variaciones de formas:





jueves, 18 de diciembre de 2014

A su imagen - la exposición

Yo ya daba por bien concluida la visita a Madrid: había visto arte como para recordar varios meses. Pero estuvimos comiendo Antón y yo y todavía nos dio para acercarnos a ver qué tal la exposición de la plaza de Colón: A su imagen. Arte, cultura y religión. Si hubiera hecho bueno yo tenía pensado ir al Jardín Botánico, para que me catequizara, que estoy muy abierto ahora a admirar de la naturaleza. Pero el hecho es que llovía.

Me daba miedo por si era una exposición de Museos Diocesanos a lo grande y en el mal sentido de la palabra: cientos de navetas y píxides en hilera, casullas del XVIII como somormujos, pinturas mediocres pero con «catequesis fuerte» y luego, para rematar, vergonzantes «artistas modernos» para quitarnos la fe a los revirados como yo.

Pues no: es una exposición IM-PRE-SIO-NAN-TE. Es una colección de obras de lo mejorcito que conserva la Iglesia (otro modo de decirlo: que no le ha quitado todavía el Estado). El hilo pastoral era claro y los textos seguro que estaban muy bien. Yo ya di por supuesto todo eso, así que nos dedicamos a ver los cuadros sin más.

Pero bastaba que estuviera solo este de Velázquez para que hubiese sido una exposición inolvidable:



Los trazos de los ojos de Santo Tomás, solo dos líneas mínimas, son el centro dramático: marcan su agotamiento. La prostituta está huyendo al fondo (el tizón todavía humea ahora, mientras lo veo). El puro esfuerzo de oponerse a una tentación (yo me acordé de Flannery: uno y dos) es ejemplar. Esto sí que es un cuadro de un santo y todo lo demás, intentos fallidos. Todo, todo es magistral en él. De hecho, me está dando pena no poder volver a verlo en un futuro próximo. Id -digo más: si me queréis, ir y verlo por mí.
No entiendo cómo no había una cola que llegase hasta la bandera gigantesca esa que hay en la plaza de Colón. Pueblo de Madrid: ir todos, que a mí ya no me molesta que se congreguen multitudes allí.

Pero es que además estaba la Virgen Niña de Zurbarán, de Sigüenza:


O este Sansón de Rubens:


O este cuadrito de Goya (también estaba el de santa Ana de Valladolid):



Y hay que mencionar los evangelistas de Pedro Berruguete.
Ya que no acabo de encontrar la oportunidad de ir a Sevilla, allí que me vi In ictu oculi de Valdés Leal (junto a otros cuadros suyos, que me gustaron poco, la verdad), y al lado le hacía homenaje otra vanitas de Gutiérrez Solana: esas dos obras sí que «dialogaban bien».
Y un Virgen de Luis de Morales bien llamativa.
Y más que me acordaré.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Reales retratos - y fakes

La exposición sobre retratos en las Colecciones Reales es grandiosa, excelente, excepcional*.

Yo quería ver el retrato de Isabel la Católica de Juan de Flandes. Me impresionó mucho. El fondo negro, la enorme seriedad, la mirada fija y lejana, la cofia y el velo. Aquí no es cuestión de hermosura: es el peso de la responsabilidad y la huella del sufrimiento -la Reina casi de mi edad ahí:


Hay un cuadrito precioso del propio Juan de Flandes, del milagro de los panes y los peces, con los Reyes entre el público:


Tenían un cuadrito de Sittow y varios de Jorge de la Rúa (=Jooris van Straeten): una esplendorosa Isabel de Austria y el melancólico Don Carlos. Imponía un don Juan de Austria muy joven de Sánchez Coello.
Yo tenía mucho interés en el retrato de Carlos V, que atribuyen a Seisenegger (no es de él, lo sé de buena tinta que no).
Eran todos de esta primera sala muy buenos, buenísimos. Y yo pensaba que casi no habría más, pero me pasé en total tres horas, casi sin notarlas.

En el retrato de Ana Mauricia de Austria, con reliquias, sonajeros, una higa de azabache y coral de amuleto, unas señoras mayores (muy mayores) se quedaron a mi lado y les hice el espich sobre lo más destacado (voy a peor - al menos no les hablé del cuadro de Velázquez de Viena):



Había un solo retrato ecuestre, el de Juan José de Austria de Ribera, buenísimo.

De Velázquez había este cuadrito de 8 x 6 ¡centímetros! del orondo Conde-Duque, a punto de caer:


Y claro, era una fiesta llegar a los melancólicos Felipe III y Felipe IV, con los mejores pintores de la historia de España. Por ejemplo, de Pantoja de la Cruz este Felipe III:



Un Rubens maravilloso, el retrato de sor Ana Dorotea:


Y pasado el trago de Carlos II (interesante también de todos modos), me temía los primeros borbones, pero había unos cuadros de Rigaud (ni idea de que existiera), de Luis XV y también Luis XIV de Francia que impresionaban. Qué armiños, qué texturas en general. No tenían nada que ver con el resto, les faltaba la humildad y el pondus, pero qué potencia transmitían. Mirad, mirad:


De Mengs, que yo considero casi de la familia, había varios retratos y muy interesantes citas en las cartelas, tomadas de cartas de Carlos III, que le hace grandes elogios.

Y luego dos retratos de Goya a Carlos IV y su mujer (que aquí sale favorecido sobre todo como mecenas). Y después grandes cosas de Vicente López (por ejemplo la nodriza santanderina de Isabel II). De Madrazo, por ejemplo un retrato del pobre Francisco de Asís. Eh, caigo ahora en que de Fernando VII no hay nada: también yo le tengo gran manía, pero como para no poner ni siquiera un cuadro, no sé.

Pero mirad la selección que han hecho los comisarios de la muestra, que es muy buena.

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*Solo hay un lunar, la última sala, con dos grandísimos bodrios de Dalí y Antonio López. No dice mucho de nuestra época: vamos a peor.

martes, 16 de diciembre de 2014

Mi sacristán interior

Estaba feliz el domingo tras la exposición de los Retratos Reales (ya la cuento mañana); era la una, a la una y media había misa en la Catedral de la Almudena, así que me fui allí, a estar sentado (y rezando, si pudiera ser).
Acababa otra Misa y entramos todos los guiris de provincias que estábamos por allí. Yo quería ir al retablo donde está la imagen de la Almudena, pero se formó una cola de lentitud soviética: la gente se hacía fotos ante la imagen, ay.
Me fui a la capilla del Santísimo. Resultó que la había «redecorado» Rupnik, s. j. A mí lo que hace Rupnik no me gusta nada. Ya había visto otra «intervención» suya en Gijón: es agobiante ese cubrir todas las paredes de realidades matéricas varias, puestas en bandas, y colocar en medio escenas con figuras medio etiópicas (por decir algo). El sagrario era ho-rro-ro-so. Llevaba un minuto allí yo, intentando hacerme una composición de lugar y la cosa es que los provincianos no hacía más que entrar y hacer fotos con flash: les gustaba mucho, lo decían a voces. El cartel en la puerta -silencio, lugar de oración- gritaba mudo su incapacidad de comunicar.
Dos minutos después me fui. Las dos puertas estaban abiertas para la larga fila de los que se habían hecho ya una foto con la Virgen. Al salir, cerré una. Me miró el último de la cola. Hice ademán de cerrar la otra, pero él no se movía. Empujé un poco para que se metiera al fin y el hecho -tengo que reconocerlo lealmente, pero se me había metido en mi psique un sacristán faltón, que lleva años en pena en la Catedral (todo el mundo lo sabe) por sisar de las ofrendas (y además poco, no como nuestro electricista)-, la cosa es que le empujé a él con la puerta.
Se molestó, se me encaró, pero sin violencia.
Quise recular, pero mi sacristán interior no me dejaba. Un  amigo co-provinciano suyo se me encaró en solidaridad. Le pregunté que si era policía. No quedó la cosa en más porque eran bellísimas personas, que no tienen la culpa de que les guste el arte de Rupnik.

Por fin, mi sacristán interior me soltó, pero me pidió que hablara de él aquí. Lo hago como reparación.

lunes, 15 de diciembre de 2014

En El Prado - entre la masa

Iba tan contento a Madrid que en el avión las Musas lo notaron y me dieron de sus sobras tres haikus (diréis: son flojos. Yo pienso: menos da una piedra) y hasta me poetizaron una advertencia de seguridad.

La reunión fue útil, deleitable, serena y a fin de cuentas, gozosa. Y la rematamos con verdines asturianas y una carne que hablaba (Od. 12.395). Y ya tenía yo la tarde para el Museo del Prado.

En la exposición de Bernini, un busto del cardenal Scipione Borghese. Impresionaba: si lo que quiere uno es realismo, más no se puede pedir: todos los pliegues de la gorda cara tenían la blandura -¡en mármol!- de las mollas de un bebé.
En la comida yo había preguntado por si había dibujos de Velázquez: allí había uno, del cardenal Borja. En dos trazos, un alma retratada.

Subí a la colección: me paré en Los borrachos. Cada vez que ves un cuadro de Velázquez te ilumina sobre algo, aunque a la vez notas que sigues a oscuras de mucho más. Eso es el misterio: ¿burlas del paganismo y del ritual de coronación -que Baco hace tan serio- de un devoto, mientras los demás nos enseñan el vino como trofeo (en recipientes de texturas prodigiosamente reproducidas) como lo real?

Al lado, los retratos de Don Diego del Corral y su mujer.

De Ramírez, cardos y lirios. En ese momento quise ser un gran filósofo, para hablar aquí con sentidiño de la realidad de los objetos de este bodegón en la estela de Sánchez Cotán:


Y me paré otra vez en el bodegón de Zurbarán, tan imperfecto y tan tremendamente real. Y al lado, el cordero en medio de las sombras, que es uno de mis cuadros favoritos. Y volví a ver el Murillo de la mujer del patricio, dejada en el sueño.

Yo a lo que iba era a visitar salas que conocía menos, pero la querencia me podía. Quería ver a Alonso Cano y encontré su Cristo muerto sostenido por el ángel:


Y huí de allí, para ver salas que conociera todavía menos: los italianos del XVII, los franceses: Poussin, Vouet, una colección espléndida de Claudio de Lorena, el mejor de los tres.

Y al llegar a las Poesie de Tiziano sonaron las 6 y entró la masa de la entrada gratuita (yo tampoco pagué, pero era en mi calidad de profesor, eh) y les odié mucho a todos y me importó un pito la culturización del pueblo y el progreso por el saber. Y me volví a preguntar qué hacen niños que casi no saben hablar en sitios así. El hecho es que aquello era como el metro. Yendo por la galería central oí cantar a un grupo -que me fulmine don Francisco Giner si miento- «Adiós con el corazón, que con el alma no puedo». Yo es que así no puedo.

Y huì del centro y me escondí y me refugié en mi Rubens y en mi Van Dyck. No quedaban lejos los ingleses, retratos muy buenos comprados por el Museo en los años 50: Reynolds, Raeburn, Lawrence.

El gran día se concluyó en una cena en la que me describieron algo de esa Roma fascinante de la primera mitad del XVIII, con el joven Haendel por allí. Y me hablaron del enciclopedismo de un rey portugués de entonces y salió una pregunta rompedora: ¿por qué la grandeza de Portugal no cuajó en un arte a la altura?

sábado, 13 de diciembre de 2014

Aeropuerto y vuelo

Aeropuerto

Estación de bus
metalizada
casi hasta el techo

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Desde el avión
-llego a Madrid-
campos de olivos

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Gris, verde, ocre
-mapa que veo-
desde el avión

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Dice Ryanair*:
El sendero luminoso (sic)
les llevará a la salida
*A la vuelta intenté copiarlo exactamente. Empezaba así: «Un sendero luminoso se iluminará en la oscuridad»

viernes, 12 de diciembre de 2014

Zagreb 35 - Calles de la zona vieja

En algunas calles quedan los letreros antiguos. por ejemplo en croata (Jesuichka Vulicza) y alemán (Jesuitengasse). Hay una farmacia justo allí, fundada por un sobrino nieto de Dante:



O la plaza de san Marcos:



Y por no aburrir más con el tema germánico-croata, termino con este documento de los gremios de artesanos, para ingresar a alguien en un asilo (Agram es Zagreb en alemán):



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Hombre, también podía haber tocado aquí la tecla «presencia española», por ejemplo esta oferta de televisón por cable en un tranvía, donde ofrecen la «Španjolska liga» y la «Copa del Rey» como platos fuertes:

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Zagreb 33

El Museo de la Ciudad lo vi en varios días, tan deleitoso era. Por ejemplo estos carteles:


[«Leche pasteurizada, mejor - Lecherías de la ciudad nueva de Zagreb»]


[el traductor dice que es : «Toda Croacia»]


[la luz en medio de los carteles es un error mío. Mirad el plano de la cuidad de Zagreb debajo, con la red viaria que iba creciendo a partir de la ladera del monte, arriba]


[y aquí un salto al final del imperio austro-húngaro, que me pone siempre melancólico]


[por los caídos en la Primera Guerra Mundial]